martes, 24 de enero de 2012

Golondrinas Azules.


Allí van.
Cruzando el cielo gris.
 alegres y veloces

Allí van
Volando sobre el mar
 siguiendo la cruz del sur.
.

Allí van.
En busca de un cálido y lejano  lugar,
donde procrear.

Allí van.
Dentro de un año, retornarán.
Surcaran los cielos  rebosantes de felicidad.

Allí van.
Juntas, de a miles
revoloteando sobre la ciudad.

Golondrinas Azules
Ideales de la libertad.



Obs: Durante toda la tarde del  11 de enero, sobrevolaron la ciudad en dirección sur, miles de golondrinas azules.

Hugo Peyrach
Enero 11 de 2012.

jueves, 8 de diciembre de 2011



 “RECORDANDO VERANOS”


 

Los veranos significaban, al menos para mí, las vacaciones escolares y los meses, quizás, más deseados; de  soles plenos, verdes intensos, mañanas frescas y tórridas tardes.

Esas mañanas frescas y luminosas de cielo celeste que nunca olvidé.
El canto de los pájaros, madrugadores y bullangueros,  en aquellos lejanos días de noviembre de la escuela primaria cuando las calles se llenaban de mariposas en vuelo, millones de ellas, formando verdaderos ríos de amarillos, naranjas intensos, celestes y blancos. Corríamos detrás de ellas para cazarlas y colocarlas en frascos de vidrios.
Eran los años finales de la década del sesenta,  durante los setenta fueron desapareciendo; hoy son casi inexistentes.
 Cómo olvidar aquellas tardes calurosas que se iniciaban con la  clásica siesta de campo, silenciosas, sólo alteradas por alguna  tormenta del sur de gruesas nubes negras, que  en minutos ocluían el sol hasta convertirlas  en súbita noche. Luego, el viento  intenso levantaba nubes de polvo  y a continuación, la lluvia torrencial, entre fulgurantes relámpagos y estridentes truenos. Tormentas cortas y abundantes, de verano, que solían concluir con un radiante  arco iris al noreste.
 Cómo olvidar los viajes en bicicleta por los alrededores o hasta los trigales de Hernández; más los esporádicos baños en algún estanque cercano y la observación atenta de alguna pareja de pecho colorados  en el cielo, emitiendo su característico canto.
 Cómo olvidar las chicharras violinistas en los atardeceres y las luciérnagas, intermitentes, en los nocturnos baldíos.
 Mis visitas al foco de la esquina en busca de insectos, o a reunirme con amigos  y hablar macanas; como decía mi padre.
Cómo olvidar, el aroma de los espirales de las noches veraniegas; calurosas y serenas.
En diciembre, las Pléyades(siete cabritos) en el cielo norte anunciaban la llegada de la navidad. De los días del pan dulce casero, de las fiestas familiares, de las cañitas voladoras y la música improvisada por los acordeones en la lejanía de los amaneceres.
La constelación de Orión o Tres Marías, era testigo de todo lo que ocurría aquí abajo en aquellos veranos de trigales dorados y maizales en flor.
Luego, llegaba el año nuevo: cohetes, comidas, bebidas y bailes se repetían  hasta la madrugada del nuevo día.
En enero, los Reyes Magos daban por concluidas, regalos de por medio, las fiestas tradicionales.
Poco antes del comienzo del nuevo ciclo escolar, estallaba la “Fiesta Nacional  del Trigo”, cuando aún no era un negocio y duraba la semana completa, y a la que asistía con amigos cada una de las noches; ropa nueva, zapatos nuevos, siempre alguna moda se imponía en aquellos veranos. Las primeras salidas y el interés por las primeras chicas.
Llegado marzo, el otoño hacía su presentación. La temperatura descendía notablemente, aparecían las lloviznas y el retorno a la escuela era inminente.
El aroma a los cuadernos, a los lápices  y un nuevo ciclo comenzaba, señal que el “Verano”, lamentablemente, había llegado a su fin.

Hugo Peyrach.
“Poética”.
Leones,11 de Enero de 2008.

sábado, 19 de noviembre de 2011

 NOVIEMBRE

 



Noveno mes en el calendario juliano, he ahí su  origen.
Noviembre, el mes de los racimos  liláceos de los jacarandás en flor  y de los amarillos  de las encantadoras y portentosas  tipas, que resaltan en el cielo y tapizan los parques y calles de la ciudad.
También los lapachos rozados, hacen su mágica presentación junto a innumerables especies que  muestran su  espectacular floración y sus mágicos colores. Ceibos rojo sangre, espinillos autóctonos, amarillos y naranjas, y millones de pequeñas florecillas amarillentas que abren su s carolas por la mañana  cuando los rayos tibios del sol las acarician.
Es el mes donde la vida estalla. Los benteveos, horneros, tijeretas y  torcazas, enseñan a volar a sus  descendientes preparándolos para la vida que acaban de iniciar. Noviembre, decía William H Partridge es el mes que más deseo, pues con el comienza mi recorrido por los montes  aledaños en busca de nidos y huevos para formar mis colecciones. “Noviembre, árboles y nidos, eso es todo lo que ansío”, repetía.
Es el mes de los finales escolares, de lo apuros, de los pendientes, de las carpetas, las veladas, las fiestas de colación  y los diplomas;  puerta de las anheladas vacaciones.
En el cielo norte nocturno, aparecen las Pléyades, un cúmulo abierto de 100 estrellas  azules de 78 millones de años de antigüedad  a  375 años luz de la tierra;  próxima a la  constelación del toro, una especie de triángulo, no muy alto, donde Aldebarán, su estrella principal, brilla nítidamente  contrastando con sus compañeras. En realidad, es una estrella gigante roja 30 veces mayor que nuestro sol y está a algo más de 65 años luz.
Hacia el este de ésta aparece la Constelación de “Orión”,  una de las cuatro estrellas que rodean a las famosas marías, es una supergigante roja 400 veces mayor que el sol, de nombre “Betelgeuse”.De las cuatro, es la que vemos abajo a la derecha.  Orión,  guarda algo más, debajo de las tres  estrellas que vemos en línea(Marías) se encuentra  la nebulosa del mismo nombre a unos 1.600 años luz y un diámetro de 30 unidades luz, lugar donde se fraguan  estrellas; aún hoy nacen allí nuevas estrellas, cuando el polvo estelar  aglutinado por la gravedad desencadena una reacción nuclear intrínseca, desatando un nuevo nacimiento.
Luego, hacia el centro este, aparece “Can Mayor”, que contiene la estrella más brillante del firmamento sur, “Sirius o Sirio,” a  unos 8,6 años luz. Se trata de una estrella doble ya que otra estrella mucho más pequeña la circunnavega.

Mirando hacia el sur, aparece la famosa “Cruz del Sur”, con  sus dos brillantes compañeras de la Constelación del “Centauro”. La más alejada es  “Alpha Centauri”, la estrella más cercana a la tierra, a unos 4,4 años luz. Además, si se observa bien, las dos nubes  que avistó Magallanes en 1520 cuando ingresó a los mares del sur, son dos pequeñas  Galaxias, a unos 180.000 años luz de la tierra que llevan su  nombre.
A mediados  del verano, aparece en el horizonte norte una estrella grande, solitaria, es “Arturo”, otra gigante  naranja a 37 años luz. Y, a finales del verano, al este, brilla intensamente “Antares”, la estrella principal del Escorpión(Escorpio)  acompañada por otras dos de menor magnitud a ambos lados. Se trata de  una supergigante roja tan lejana que la luz a 300.000 Km. por segundo tardaría  500 años en llegar  hasta ella.
En fin, Noviembre es regocijo del alma. 
No deberíamos olvidar que nos dejó los azules liláceos que flanquean algunas calles de la ciudad, siendo admiración de los viajeros que  arriban a la  misma. 

El amarillo intenso de las encantadoras y gigantes tipas. Lluvias intensas, que   reiniciarán el ciclo de la vida, porque la vida es agua.  Polluelos,  para regocijarnos con sus cantos y alegría;  colores, que la tecnología  aún no  ha podido imitar. Aromas exquisitos en nuestros jardines,   mañanas frescas y luminosas;  tardes apacibles y noches ilustres si se sabe mirar el cielo.
Nuestro planeta, a 100.000 Km.por hora, deberá dar otro giro en torno al sol para que noviembre reaparezca  trayéndonos su mágico esplendor.
Quizás, sus encantos hayan detenido la historia, es el único mes del año que permaneció libre de  reconocimientos históricos hasta hace poco tiempo.
"Noviembre", es el mes poesía.


Hugo Peyrach.
Poética.
25 de Noviembre de 2009

domingo, 18 de septiembre de 2011













PLATERO y JUAN RAMÓN JIMÉNEZ



Hoy me he encontrado casi de casualidad con Platero y Yo, de Juan Ramón Jiménez.
Lo conocía desde mi adolescencia, pero a esa edad uno cree que puede cambiar el mundo y no presta demasiada importancia a títulos que hacen mención a un burro, y para mi edad, el libro no sólo era algo del pasado, sino que, además lo imponían desde la escuela, desde la clase de castellano durante los primeros años del secundario.
Qué grueso error, y cuánto lamento no haberlo leído en su totalidad por aquella época en que perseguía películas tontas, de guerra, monstruos o marcianos, en la incipiente televisión de los años sesenta o en el cine de los domingos.
Hoy, al leer “Platero y Yo” detenidamente, y cotejarlo con la burda realidad de estos tiempos, parece obra de seres ideales, más bien, emergidos de un cuento.
En “Gorriones”, “El Alba” o “Idilios de Abril”, entre otros capítulos, encuentra uno páginas memorables, llenas de bondad recíproca entre el autor y el burrito platero. La mínima lectura desborda en mensajes cargados de ética, con derroches de ternura y pinceladas de belleza; entre amaneceres, colinas, rayos de sol, flores silvestres y personajes diversos, pocas veces manifestados por la literatura universal.
Además, cuantas similitudes de nuestros campos pasados con la campiña española, de las tierras serranas del sur, donde se cuentan vividas las aventuras y desventuras de Platero. Más precisamente en Moguer, en la cercanías de Huelva,  región de Andalucía.
No es extraño que su autor, Juan Ramón Jiménez, haya tenido que exiliarse durante la España de Franco. Nunca la derecha política es formada por seres sensibles con la naturaleza, con los animales. Por lo general son seres inmorales con los mismos y una marcada voracidad por acumular dinero y bienes materiales. Egoístas, y de escasa sensibilidad por el bien común y el respeto por sus semejantes. Lo que afirmo como tesis, los seres de bien jamás podrán apoyar a la derecha fascista, asiento de la desigualdad, los privilegios,  el interés propio desmedido y la competencia deshumanizada intrínseca en el capitalismo liberal.
 Qué error creer que los adelantados españoles fueron modelos, modelos de malvados, que conquistaron a sangre y fuego el nuevo mundo y paradójicamente, llevaban la cruz o lo hacían en nombre de cristo. He aquí un verdadero adelantado con mayúscula, Juan Ramón Jiménez. El amor por su burrito, por la naturaleza, por lo ético,  y que rastrero el gobierno de franco que lo echó al exilio
Releer a Platero, es volver al pasado en todo sentido, cuando todo era manual, natural, sencillo.
Escrito en 1914 con forma de narrativa poética.
Juan Ramón Jiménez, falleció en Puerto Rico-CA-en el año 1958, después de escribir más de 20 libros de bellísima poesía.

EL ALBA
En las lentas madrugadas de invierno, cuando los gallos alertas ven las primeras rozas del alba y las saludan galantes, Platero, harto de dormir, rebuzna largamente.¡Cuán dulce su lejano despertar en la luz celeste que entra por las rendijas de la alcoba!
Yo, deseoso también del día, pienso en el sol desde mi lecho mullido. Y pienso en lo que habría sido del pobre Platero si en vez de caer en mis manos de poeta, hubiese caído en las de uno de esos carboneros que van, todavía de noche, por la dura escarcha de los caminos solitarios, a robar los pinos de los montes, o en las de uno de esos gitanos astrosos que pintan los burros y les dan arsénico, y le ponen alfileres en las orejas para que no se les caigan.
Platero rebuzna de nuevo. ¿Sabrá que pienso en él?. ¿Qué me importa?
En la ternura del amanecer, su recuerdo me es grato como el alma misma. Y, gracias a Dios, él tiene una cuadra tibia y blanda como una cuna, amable como mi pensamiento.



Capítulo veintinueve

Idilio de abril

Los niños han ido con Platero al arroyo o de los chopos, y
ahora lo traen trotando, entre juegos sin razón y risas
desproporcionadas, todo cargado de flores amarillas. Allá abajo
les ha llovido —aquella nube fugaz que veló el prado verde con
sus hilos de oro y plata, en los que tembló, como en una lira de
llanto, el arco iris—. Y sobre la empapada lana del asnucho, las
campanillas mojadas gotean todavía.
¡Idilio fresco, alegre, sentimental! ¡Hasta el rebuzno de
Platero se hace tierno bajo la dulce carga llovida! De cuando en
cuando vuelve la cabeza y arranca las flores a que su bocota
alcanza. Las campanillas, níveas y gualdas, le cuelgan, un
momento, entre el blanco babear verdoso y luego se le van a la
barrigota cinchada. ¡Quién, como tú, Platero, pudiera comer
flores..., y que no le hicieran daño!
¡Tarde equívoca de abril!... Los ojos brillantes y vivos de
Platero copian toda la hora del sol y lluvia, en cuyo ocaso,
sobre el campo de San Juan, se ve llover, deshilachada, otra nube
rosa.

 
Capítulo sesenta y tres

Gorriones

A mañana de Santiago está nublada de blanco y gris,
como guardada en algodón. Todos se han ido a misa. Nos
hemos quedado en el jardín los gorriones, Platero y yo.
¡Los gorriones! Bajo las redondas nubes, que, aveces,
llueven unas gotas finas, ¡cómo entran y salen en la
enredadera, cómo chillan, cómo se cogen de los picos! Este
cae sobre una rama, se va y la deja temblando; el otro se bebe
un poquito de cielo en un charquillo del brocal del pozo; aquél
ha saltado al tejadillo del alpende, lleno de flores casi secas, que
el día pardo aviva.
¡Benditos pájaros, sin fiesta fija! Con la libre monotonía de
lo nativo, de lo verdadero, nada, a no ser una dicha vaga, les
dicen a ellos las campanas. Contentos, sin fatales obligaciones,
sin esos olimpos ni esos avernos que extasian o que
amedrantan a los pobres hombres esclavos, sin más moral que
la suya ni más Dios que lo azul, son mis hermanos, mis dulces
hermanos.
Viajan sin dinero y sin maletas: mudan de casa cuando se
les antoja; presumen un arroyo, presienten una fronda, y so
tienen que abrir sus alas para conseguir la felicidad; no saben de
lunes ni de sábados; se bañan en todas partes, a cada momento;
aman el amor sin nombre, la amada universal.
Y cuando las gentes ¡las pobres gentes!, se van a misa
los domingos, cerrando las puertas, ellos, en un alegre ejemplo
de amor sin rito, se vienen de pronto, con su algarabía fresca y
jovial, al jardín de las casas cerradas, en las que algún poeta,
que ya conocen bien, y algún burrillo tierno—¿te juntas
conmigo?—los contemplan fraternales



Hugo Peyrach-Literatura y Poética-
30 de agosto de 2011-






martes, 19 de julio de 2011


A 42 AÑOS de la CONQUISTA DE LA LUNA
Por. Hugo Peyrachia.



Tocar la luna, llegar a ella, siempre fue objetivo de la humanidad, pero, para pisar su superficie fue necesario crear la ciencia y la tecnología. Si se toma como inicio de las mismas la Grecia antigua, a la humanidad le habría llevado dos mil quinientos años poner un primer hombre sobre su superficie; abriendo, además, el camino hacia otros planetas y quizá, hacia las estrellas.
Seguramente, muchos creyeron que esta hazaña nunca sería posible y que la luna sólo sería parte de los sueños, de la poesía.

Fueron los rusos los primeros en enviar naves exploradoras automáticas a la luna, y consiguieron las primeras fotografías que superaron mil veces las mejores imágenes de los más grandes telescopios en la tierra.

En 1961, el presidente Kennedy en un discurso memorable, señaló, que a fines de la década Estados Unidos de Norteamérica, pondría un hombre en la luna. En contrapunto tecnológico con la Unión Soviética(URSS), entonces enemigos mortales en la confrontación conocida como guerra fría, donde ambas potencias surgidas después de la II Guerra Mundial se disputaban la carrera nuclear y espacial.

La conquista de la luna, significo para los EEUU un desafío a nivel “Nación”, tecnológicamente hablando, y demostró un avance en aeronáutica, astronáutica, electrónica y tecnología de los materiales, aún más desarrollado que la ingeniería rusa, lo que le permitió en tan solo ocho años, llevar, alunizar y traer de regreso sanos y salvos a los primeros dos hombres que caminaron sobre la superficie selenita.
También el primer signo, de que algo no andaba bien en la Rusia comunista.

Para llegar a la luna, el organismo aeronáutico y espacial norteamericano(NASA), desarrolló el proyecto “Apolo”; tal el nombre de la cápsula donde se alojaban los tres astronautas. De forma troncocónica y unos tres metros y medio de diámetro, ésta se ubicaba en lo más alto del cohete que la sacaría de la atracción gravitatoria de la tierra, llamado Saturno V, de 110 metros de altura y un diámetro en la base de 10 metros; pesaba 2.810 Tm. Contaba con tres etapas de propulsantes líquidos para impulsar a la Apolo a órbita terrestre, debiendo acelerar a 11 Km.por seg. algo así cómo 39.000 Km./hora; desarrollando 3.750.000 Kg. de empuje en los primeros minutos tras el despegue, desde Cabo Cañaveral, al sur de la Florida.

La Cápsula o Nave Apolo, estaba conformada por un módulo de comando y servicio llamado ”Columbia” donde estaban los tres astronautas, descripta arriba, único módulo que retornará a la tierra.
Un “módulo lunar” o (LEM), que descendería en la luna, a su vez consta de dos partes, una de descenso, para realizar el alunizaje y otra de ascenso donde se alojaban los dos astronautas, que después del paseo lunar, despegaría dejando sobre la superficie a la primera, para reintegrarse con la Cápsula Apolo en órbita lunar.
.
La historia del Proyecto Apolo comienza con Apolo 1;(27-1-1967) que sufrió un accidente en la plataforma de lanzamiento, muriendo calcinados sus tres ocupantes. Apolo 7(11-11-68), probó con éxito la maniobrabilidad de la cápsula. Apolo 8(21-12-68), se acercó a la luna, probó que se podía viajar hasta allí. Apolo 9 (3-3-69), ensayó con éxito el funcionamiento del módulo lunar(LEM). Apolo 10(18-5-69), llevó al LEM a 15 Km. de la superficie selenita, demostrando lo posible y seguro del alunizaje, y Apolo11 (16/24-7-69) alunizó a las 16,18 Hs. del domingo 20 de julio de 1969.
El primer hombre que puso un pie en la luna, se llama Neil Armstrong, era un piloto de pruebas de la fuerza aérea norteamericana, igualmente que el piloto del módulo lunar, Edwin Aldrin; mientras que Michael Collins, esperaba el retorno del LEM en órbita lunar a 130 Km. de su superficie.

El mundo pudo verlo casi en directo(1 segundo y fracción más tarde) por la televisión. Aquí todavía, en blanco y negro e imágenes bastantes borrosas. Eran las 22.56 de aquella fría noche de julio. Fue quizás, la primera vez que algunas personas no podían creer lo que veían y otras, aún hoy, todavía niegan.

El vuelo entre la tierra y la luna de 384.000 Km. duro cuatro días, viajando a un promedio de 4.000 Km./hora.
Armstrong y Aldrin, permanecieron en la luna(Mar de la Tranquilidad) 21 horas, de las cuales 2 horas y cuarenta minutos caminaron sobre ella. Trajeron a la tierra 22 Kg. de material lunar. El lugar, es de polvo gris, minado de cráteres meteóricos.
Armstrong, dijo, mientras descendía, en aquel momento histórico: “Es un pequeño paso para el hombre, y un gigantesco salto para la humanidad”
Cuatro días después, el 24 de julio al mediodía, Apolo 11; amerizaba en aguas del océano pacífico mediante tres paracaídas gigantescos.
Aquí, en Leones, la iglesia festejó con júbilo el éxito de la misión haciendo sonar las campanas como nunca antes había oído.

Neil Armstrong, vive hoy, recluido en una granja de su propiedad en Lebanon, Ohio(EEUU) y sistemáticamente, se ha negado a hablar sobre su histórica aventura.

Apolo 17, cerró el programa lunar en diciembre de 1972.
Poner un hombre en la luna costó 25.000 millones de dólares y permitió un sin número de adelantos en la tecnología cotidiana. La cifra, aunque parezca astronómica, significó menos del 0,5% del producto bruto del país imperial.

Ensayo de Hugo Peyrachia.
15 de julio de 2007

sábado, 9 de julio de 2011


9 DE JULIO DE 2007

El bólido de 12.000 Km. de diámetro viaja a 140.000 Km/hora, en torno a su estrella que lo mantiene cautivo; se trata de nuestra tierra y de nuestro sol.
Cuando haya dado una vuelta completa, después de 12 meses, habrá recorrido millones de kilómetros, y generado las cuatro estaciones.
El punto, es que el recorrido transcurre en total oscuridad y más allá de la atmósfera la temperatura del espacio es de -279ºC: allí es, donde se origina el frío que nos llega cuando los rayos del sol desaparecen.
Hoy, el eje imaginario del planeta de 23 º de inclinación, ha quedado de tal manera que los rayos que le llegan después de 8 minutos del sol, impactan al hemisferio sur oblicuamente, por lo que no descargan la cantidad de energía como si lo hicieran perpendicularmente.(Hemisferio norte)
El fenómeno es conocido en la tierra, cada 21 de junio y da lugar en el hemisferio sur, al inicio del invierno y en el norte, al verano.
La temperatura desciende ente 0 y los 15 grados; desde la noche al día.
Las jornadas se vuelven, cortas, silenciosas, húmedas y lloviznosas; y las noches, largas y neblinosas. Los amaneceres, helados.
Los horizontes, casi siempre son grises o azules grisáceos.

Raramente, pero suele caer aguanieve, como ocurrió hoy desde las 10 de la mañana. Todos nos sorprendimos con los blancos copos que revoloteaban al viento y luego caían oblicuamente a la tierra y se convertían rápidamente, en agua. Al medio día el fenómeno se detuvo y cerca de las tres de la tarde, volvió a repetirse durante otros 30 minutos. EL hecho poco frecuente, se habría manifestado en junio o julio de 1973 ó 1974.
En Buenos Aires, con un poco más de suerte, la nieve se mantuvo consistente y se acumuló sobre techos, árboles y automóviles, reafirmando, bellamente, una vez más, el principio de “macrocefalía” de aquella ciudad histórica. Allí todo se genera, todo ocurre y todo pasa; desde lo natural a lo político.

La vegetación, hace rato que adquirió los tonos amarillos, ocres y marrones; y los árboles se hallan totalmente desnudos, a la espera de la ansiada primavera para revivir.
Los pájaros, son escasos, entre la fantasmal arboleda, sólo algunas palomas torcazas toman un poquito del sol tibio que les llega tímidamente, por las tardes, y cuando ha salido.
Se ven gorriones desconfiados y algunos chingolos aislados, en vuelos rápidos y preocupados..
Otros, no se dejan ver, más aún si sopla viento del sur helado.; sencillamente, desaparecen, quedándose en sus refugios. Aun así he visto algunos horneros muertos de frío en la Plaza Malvinas Argentinas.

Las heladas se repiten, y el cielo despejado es señal inconfundible que éstas se producirán; terminando con las pocas plantas todavía verdes, helándolas totalmente. Jacarandás, palos borrachos, rosas chinas, se achucharran día después, dejando la región monocromática de un gris amarronado.

La gente apresurada, va de un lugar a otro, el frío produce una sensación incómoda difícil de describir. Así pasarán los noventa días hasta que el eje de la tierra cambie lentamente su posición y los rayos vayan impactando entre los treinta y poco menos de sesenta grados, indicando que habrá llegado con seguridad la primavera y los almanaques señalen, 21 de septiembre. Entonces, las golondrinas sabrán que es hora de partir nuevamente hacia el sur, los árboles, que deben desarrollar sus brotes. Los pájaros preparar su nido; y contentos, a los cansados humanos, de tanta ropa y sufrimientos; después de haber desandado el invierno. Pero la tierra, no se detendrá, es sólo el fin de un nuevo comienzo de giros interminables y de inviernos más o menos apacibles.

Hugo Peyrachia
9 de julio de 2007.
“Poética”

sábado, 2 de julio de 2011


“VARSOVIA”


El 1º de septiembre de 1939, en horas de la madrugada, el ejército más poderoso del planeta, por entonces, invade Polonia, aniquilando al ejército polaco de tres millones de hombres, en apenas semanas. Una nueva táctica militar se acababa de estrenar en los campos de aquel país europeo. En principio, un devastador ataque desde el cielo y luego, tanques(Panzer), que aún hoy serían letales al enfrentar cualquier ejército. La táctica consistía en penetrar profundamente por ambos flancos, lejos, de donde se situaba el enemigo y sobrepasarlo, a veces despiadadamente, para luego por detrás de las líneas, cerrarse a modo de pinza y atacar por la retaguardia, mientras que el ejercito defensor(Polaco) más lento, es cercado y atacado simultáneamente por unidades motorizadas, embolsándolos, para luego aniquilarlo sin contemplación con cañones y morteros, para, por último, barrerlos con la infantería. A semejante maniobra militar se la llamó “Guerra Relámpago”, rapidez, más potencia militar.

Los alemanes perdieron en la operación unos 20.000 hombres, pero los polacos aún hoy no se sabe cuantos sumaron sus víctimas, entre civiles y militares; pero seguramente fueron centenares de miles. Cuenta Guderian, unos de los principales generales que comandó las fuerzas acorazadas atacantes, que el 5 de septiembre Hitler llegó inesperadamente al lugar de operaciones, y lo invito a recorrer el frente de penetración, al llegar a Braudenz, sobre el río Vístula, Hitler observó los puentes totalmente destruidos, y ordenó detener la marcha, entonces, vio un cuerpo de artillería aniquilado, preguntándome ¿fueron nuestros aviones que hicieron tamaño desastre?
-No, le contesté, fueron nuestros tanques. Hitler, entonces, quedó estupefacto.
El 9 de septiembre, los tanques alemanes llegaron a Varsovia, la capital Polaca, y aunque encontraron una resistencia encarnizada, la misma fue inútil.
El 17 de Septiembre, Rusia, aliada de Alemania por entonces, ataca Polonia por el este.
El 21; 1.150 aviones alemanes bombardean Varsovia. El 27, la ciudad se rindió.
El 6 de Octubre, Polonia estaba bajo control alemán.

En el otoño del año siguiente, los alemanes cercaron y tapialaron el barrio Judío, obligando a miles de ellos, sin casas, ni parentesco a vivir en el sin poder salir de su perímetro.(Guetto)
Más de 440.000 judíos vivían allí su propio infierno en la tierra, sin saber que realmente le deparaba el futuro cercano y de saberlo, buena parte de ellos, no lo hubiera creído.
Allí una pareja, tres hijas mujeres y tres hijos varones, sobrevivían a las atrocidades de los desesperados, cayendo a los más bajos designios; hostigados por los SS y sobre todo, por la cruel policía formada por su misma gente.
Uno de los niños que sobrevivió hasta el final de esta historia se llamaba Moisés y ésta es su historia real, recreada, con la información disponible después de más de 60 años de haber ocurrido los hechos.
Al parecer Moisés y sus hermanos, escapaban del “guetto” a efectos de buscar algo de comer en la basura de la ciudad, que llevaban al recinto para compartir con sus padres y hermanos, algo de pan duro o restos de hortalizas y huesos, para agregar a la sopa que les preparaba su madre. Una noche, dos de sus hermanos mayores fueron aprendidos por la policía nazi y nunca más se supo de ellos, una de sus hermanas murió de tifus y hasta el mismo Moisés lo tuvo pero los cuidados de su madre lo habían liberado del mal.
En agosto de 1941, una pequeña estación ferroviaria olvidada, cercana al nudo Varsovia-Bialystok, de nombre “Treblinka”, en una zona llana y húmeda con bosquecillos de abetos, pocos kilómetros al nordeste de la Capital, se levantó el célebre campo de exterminio nazi, al cual irían a parar los judíos de Varsovia y sus alrededores.
En Julio del 42, las Cámaras de Gas de Treblinka, estaban listas para recibir los cargamentos humanos. Los primeros veinte vagones de Judíos Polacos, llegó el 24 de Julio por la mañana, era un bonito día de verano y el tren después de apartarse de la vía principal, entró despacio al Campo.
Eran 100 personas por vagón, lo que daría un número de 2000 prisioneros para el primer viaje a la muerte.
Entre gritos y golpes el cargamento se apeaba. Los hombres eran separados de las mujeres y de los niños, éstos últimos y sus madres iban inmediatamente a las duchas, donde eran desnudados y encerrados en grandes cuartos de cemento, inmediatamente, un gas clorado los mataba en sólo cinco minutos. De la desesperación, morían pisoteados unos a otros en medio de un griterío infernal. Luego, grupos de prisioneros generalmente Ucranianos vaciaban la cámara, quitándole previamente dientes de oro, si es que alguien tenía algunos, luego a las fosas previamente abiertas por los prisioneros; si el campo no tenía crematorio, de lo contrario, eran las cenizas las que se acumulaban en montones cercanos al mismo, tanto para rellenar lugares bajos o anegadizos.
Los hombres, en caso de estar en buenas condiciones físicas eran utilizados como mano de obra esclava.
Sólo había en aquel lugar, tres clases de humanos; los amos, los guardias ucranianos (semi esclavos) y los esclavos; judíos.
Aquí, ni el pasado, ni el presente, ni el tiempo como lo conocemos existía, sólo era día y noche. Habían olvidado el rezo y obedecían cualquier orden por más increíble que fuera, siempre y cuando pudieran coordinarla en sus atormentadas mentes.
Todas las pertenencias, se confiscaban, clasificaban y se enviaban a Alemania.
Entre el 22 de julio y el 3 de octubre de 1942; 300.000 judíos del guetto de Varsovia fueron deportados hacia los campos de la muerte, un ochenta por ciento fue a Treblinka y el resto a otros campos cercanos. Es posible que toda la familia de Moisés, haya ido a parar a Treblinka; pero Moisés tuvo un poco más de suerte, y al parecer una familia Polaca lo ocultó en su domicilio, en algún lugar cercano al guetto y allí vivió hasta que la Ciudad decidió sublevarse; cuando pudo organizar un insipiente ejército nacional de unos 38.000 hombres y mujeres, momento en que los Rusos se aproximaban al río Vístula; era agosto de 1943.
Tal situación se vivió esos días y ante la creencia de que los rusos ayudarían, cosa que no ocurrió, en casi los 60 días que polacos y alemanes se enfrentaron, y que terminó con el aniquilamiento de más de 150.000 polacos. Otros, debido a una gestión de la cruz roja pudieron retirarse de la ciudad, pero un buen número de ellos, entre otros, nuestro Moisés, fueron a parar a el tenebroso Campo de exterminio “modelo” de Auschwitz, en las proximidades de Cracovia´. Allí le tatuaron el antebrazo izquierdo con el número de prisionero y debido a la presión que ejercían las tropas rusas llegando a las próximidades, pudo salvarse de las cámaras de gas y los hornos crematorios, que habían terminado con sus padres y hermanos; y, que aquí devoraban hasta 12.000 prisioneros por día. (exterminio a escala industrial).
Ensañados, y con órdenes de no dejar prisionero vivo, los nazis lo embarcaron en “coches jaulas” con destino al campo de Dachau, al norte de Alemania. El transporte había durado 30 días, en los que no se los alimentó ni dio bebida alguna. Moisés, sobrevivió una vez más debajo de los cadáveres de sus compañeros, era Abril de 1945 y el Campo de Dachau, ya había sido liberado por el ejército americano, quien lo envío de inmediato al hospital que habían constituido donde estaba la enfermería de los SS.
El pequeño Moisés, ponía de manifiesto una fuerza única para sobrevivir, por lo que todo el personal del hospital puso empeño por sacarlo adelante, pero a pesar de los cuidados la vida del pequeño judío iba apagándose lentamente. Durante las noches deliraba, llamando a su mamá reiteradamente, el sólo escucharlo rompía el corazón de las enfermeras y de otros enfermos en camas adyacentes; cantaba en su agonía sus días en la escuela, la fiesta del “purín”, los pasteles que le hacía su madre, hablaba del “guetto”, de los ataques aéreos, de las bombas. Imitaba el tableteo de la ametralladoras y los gritos de las SS.
Mil veces, mamá, mamá, mamá, desgarraba el alma de los vecinos, que no podían dormir. Una de las enfermeras, intentaba calmarle diciéndole que ella era la madre a quién llamaba. Pero no tuvo consuelo. Otra noche, gritaba, hambre; tren, hambre, tren.
Al amanecer dejaba de gritar y de vez en cuando pronunciaba una palabra en calma, extenuado; hambre....
La última noche, una enfermera le colocó un termómetro en la boca; unos segundos más tarde se oyó cómo el cristal del termómetro se rompía, imaginando en su sueño, comida. Moisés, en su delirio, siguió masticando.
Los vidrios al parecer produjeron una gran hemorragia en el estómago, la sangre emanaba de su boca. Trozos de vidrios quedaron atascados en sus dientes.
Moisés, había hecho un paro respiratorio y cardíaco, y su vida, por último, se liberó de tanta infamia y opresión de los hombres, tal vez, más cultos del planeta.
El médico americano que llegó casi corriendo a la sala, trató en vano de reanimarlo, entonces, tomó los instrumentos y medicamentos que llevaba en socorro y los arrojo, violentamente, contra al suelo.

HUGO PEYRACHIA.
16 de Octubre de 2006
“INFAMIAS”