jueves, 26 de mayo de 2011

“ MÁQUINAS DEL TIEMPO”

Tendría yo 10 ó 11 años cuando compré el libro que después conformó el primer volumen de mi biblioteca personal. Se trataba de “La Tierra”, y era editado por una Colección Popular de “TIME-LIFE”; impreso en Italia en 1969.
Fue aquí, que supe que el sol es una estrella; me enteré de que formamos parte de un grupo de planetas que giran en su entorno, porque su gravedad no deja que escapen al espacio y la velocidad que llevan los mismos (Fuerza Centrípeta) evitan a su vez, que caigan hacia el. También, comprendí que el conjunto de planetas y el sol, pertenecen a uno de los brazos de la galaxia Vía Láctea, que gira sobre si misma, y se dirige hacia la constelación de Hércules. Pero a su vez, viaja hacia otra galaxia, la más cercana, llamada Andrómeda, distante a unos 2 millones de años luz; tiempo que la luz a 300.000 Km. por segundo tarda en llegar hasta ella.
También el libro cuenta que Eratóstenes, un matemático griego, que vivió en el año 200 antes de cristo, calculó de un modo muy aproximado el diámetro ecuatorial de la tierra, lo que hace sospechar que sabía de su redondez y quizás de su esfericidad.
Muy bien ilustrado, el libro y sus datos cautivaron mi intelecto y dispararon mi ingreso a la Escuela de Geología de la Universidad de Río Cuarto en 1976.
Los datos del Libro eran muy interesantes, como ya señalé, pero había algo más de importancia en aquel primer libro, y era su aroma, de tal manera que cuando años después lo tomaba, sus páginas desprendían esa fragancia única que caracteriza a los libros, y que descargaba un programa con todos los acontecimientos de aquellos años guardados en mi memoria; de la misma manera que el ácido que brota al quitar la cáscara de una simple mandarina, hace que de inmediato, recuerdos de la infancia y tal vez de la adolescencia, se le presenten en la mente tan claros como imágenes en una pantalla de TV.
Son los aromas, moléculas químicas, del papel o de la tinta de los escritos o de las más variadas sustancias, capaces de desatar un torbellino de imágenes y recuerdos. La mayoría gratos, pero el fenómeno también vale, supongo, para los que no lo son.
La voluntad, nada puede con el aroma de las manzanas frescas. Aquel perfume que había al ingresar a una verdulería y que hoy ha desaparecido, pues los supermercados mezclan las mismas con los productos de limpieza.
Recuerdo las esencias de algunas revistas al entrar a la librería de Osvaldo Marnich, a fines de los años sesenta y durante los setenta. Había un pequeño grupo de ellas, muy aromáticas y coloridas, de aventuras, sobre una rústica mesita hecha con palos de escoba, que emitían un agradable aroma dulzón, que no he podido hallar; ni he conservado ejemplar que pueda suministrarlo; pero, tal vez un día, logre retornar por un momento a aquel recinto, donde se hablaba de política, de economía, y hasta de platos voladores.
Los aromas, son como máquinas del tiempo, pues con ellos la mente retorna al pasado.
El chocolate de niño, el café de la juventud, la escuela primaria, el aroma del cine de la localidad, serán portadores de un mensaje único e irrepetible, rara combinación de moléculas de conformación única. Cuando se encuentran con otras iguales ya registradas en la memoria, descargan los recuerdos del momento en que fueron almacenadas, no importa cuanto tiempo transcurrió y jamás se borran. El mismo fenómeno se repite con la música.
Si alguna vez, el lector recorrió un campo de lavandas en flor en las sierras, o de romero o mentas azuzadas por sus manos o su paso, o por el viento, jamás olvidará que habrán captados sus sensores. Llevará esas moléculas impresas en su mente hasta el final de sus días.
Los naranjos en flor al comienzo de la primavera, o de los siempre verdes a mediados de diciembre, o de los jazmines del aire, registrarán el momento y lo llevaran al futuro, para luego, descargar el pasado.
También, las ciudades tienen su propio aroma; recuerdo la primera vez que viajé a la ciudad de Buenos Aires; en los subtes había y hay, aún hoy, un raro aroma de la grasa mineral electrificada. No hace mucho tiempo, recibí unos papeles que estuvieron almacenados en el gran Buenos Aires por años, cuando los tuve en mis manos y sin conocer aún la procedencia, supe de dónde provenían. Tenían empapadas las moléculas de la ciudad y seguro que Córdoba como otras grandes urbes tendrán su propia secuencia aromática. Quizás, también las pequeñas ciudades, impriman su sello molecular.
El aroma de los frutos de Ombú, maduros, me trasladan a mis primeros días de escuela primaria, los mismos maduran en el otoño y su aroma inigualable me transporta a aquellas escenas, tan claras, como si los hechos ocurrieran hoy, ahora mismo.
Pintura de Entrada: Hugo Peyrach-"Lavandas Serranas"


HUGO PEYRACH
“Poética”
Diciembre de 2007.-

viernes, 6 de mayo de 2011


“EL CUENTO DEL TERRUÑO”


Hace más de cien años arribaba a Buenos Aires un vapor de bandera Italiana, a bordo, junto a tantos otros, venía Don Carlín, a trabajar la tierra prometida. Dejaba atrás, una pequeña localidad del norte de Italia, rocosa, de suelos pedregosos y una vida, hasta entonces, de mucho trabajo y miseria.
A los veinte años no es tan difícil decidirse por un aventura de estas características, y mucho menos si uno por desconocimiento y falta de instrucción, se lleva por lo que la propaganda, adrede, argumenta y aún más, si deciden financiarles los gastos del viaje.
No obstante, aún así resulta un salto al vacío; un quiebre a la normalidad, pero también una oportunidad, que jamás se repetirá.
Carlín, luchó, y sobre todo trabajó con ahínco de sol a sol durante años, para adquirir algunas cuadras propias de buena tierra.
Pero un día, cuando ya había logrado hacer realidad algunos de sus sueños, la historia terminó y entre otras cosas, quedaron en el recuerdo unas pocas palabras que él transmitió como un cuento y que solía relatarles a sus hijos y nietos. Un trozo de su espacio tiempo.
El cuento, que más que ello es un relato, contaba cómo había levantado la casa de piedras donde vivía su familia al pie del monte, en la Italia del Norte, zona de los bellísimos Alpes Italianos, donde no existe el horizonte rectilíneo, un lugar, que el abuelo antes de llegar no podía ni siquiera imaginar. Una superficie tan vasta, plana, sin plantas y sin piedras. La pampa argentina. Luego, desde el barco, dio con el horizonte, que no era más que una línea en la lejanía, y alguien de la tripulación les señaló que a dónde ustedes van , es la misma cosa, solamente que en lugar de mar hay tierra, hasta el fin del mismo.
La historia contaba como durante meses acarreó piedras en un carro tirado por burros, yendo y viniendo al río cercano en busca de las mismas que sólo el agua de río puede formar. Pero actas para levantar muros, intercalándolas con argamasa de cal y arena que abundaban en la región. Su padre y unos amigos vecinos la levantaron, piedra a piedra..
Después de acarrear carros tras carros, y de trabajar meses en la construcción de la misma, un día quedó terminada. Esa misma noche un sismo de regular magnitud dejó la mayoría de las piedras nuevamente como si estuvieran en el lecho que las formó, ya que los sismos eran frecuentes en el lugar, desbastando más de una vez buena parte de la comunidad.
También les contó, que las huertas eran difíciles de sobrellevar, o no llovía por meses, o el río inundaba la comarca al desbordarse como consecuencia de una gran lluvia en lo alto de la montaña, o, los inviernos la cubrían de nieve. Aquí, es muy distinto, sismos, nunca oí ni percibí uno; las lluvias son abundantes en general y las cosechas vienen bien; hay pastos para los animales, los gobiernos son benévolos si uno no se mete con ellos, los vecinos amigables, el cielo diáfano, los verdes intensos y hasta los años han sido prósperos para la familia. Hemos adquirido tierras para que ustedes progresen, pero voy a decirles algo, se trata del terruño, ese amor al lugar donde uno ha nacido, el lugar que eligió dios, ese olor a la tierra, a sus árboles en otoño, a las flores de primavera o al paisaje nevado. Todavía lo llevo dentro de mi corazón y se me hace un nudo en la garganta cuando pienso que aquí he de quedar para siempre. Es que uno pertenece al lugar donde nació. El amor al terruño, es algo que no puede contarse con palabras y se lo siente aquí, en el pecho, señaló. Esto quería decirles, porque no tengo ninguna otra forma de manifestárselo, que sepan, por más oferta que tengan, por más necesidades, nunca las cosas serán iguales; recuérdenlo, es duro no poder volver al lugar donde uno nació, no poder tocar aquellas antiguas piedras redondas. Cada noche al acostarme, se me aparecen y cada mañana al levantarme me recuerdan de dónde he venido.
Un mañana luminosa, otoñal, el abuelo cerró sus ojos para siempre, y fue inhumado en el cementerio local. Las cosas habían salido bien, desde el plano material, y un lujoso ataúd, ocupó la bóveda de un suntuoso panteón.

Algunos años después, Guillermo, uno de los nietos pudo viajar al Norte de Italia en busca de la casa de piedras de su cuento. Cómo era de esperar, la encontró en un barrio abandonada y las piedras redondas esparcidas por el sitio; recogió algunas de ellas y hoy descansan junto a la tumba del abuelo Carlín.

Pasaron los años, la situación económica del país fue empeorando gradualmente, hasta que en una de las crisis esporádicas Guillermo, cautivado por la Italia industrializada del norte y su doble ciudadanía, decidió emigrar. Hacia allí partió con su pequeña familia un día de invierno. Pasaron los años, y mantener el nivel de vida en Italia es muy costoso, se trabaja para vivir en el confort que impone la tecnología, y nada más, la vida es un círculo de trabajo y consumo.
Pasaron las décadas y a los hijos le sucedieron los nietos. Uno de ellos, Dino, decidió volver a recorrer el espacio tiempo, donde su abuelo había sido criado y contado el cuento del terruño.
Dino, el nieto de Guillermo, viajó a Buenos Aires y desde allí al interior de la provincia de Córdoba, en las Pampas Argentinas. Localizó el espacio; viejos vecinos le marcaron la casona que el tiempo había comenzado a derruir. Dino, el tartaranieto de Don Carlín, tomó del suelo sendos trozos de ladrillos cocidos, que habían pertenecido a la casona, los colocó en una bolsa de nylon y los guardó en un bolso gris. Luego, se marcho en silencio; retornó a Italia y los colocó junto a la tumba de su abuelo Guillermo.. La dimensión espacio, permanecía en su lugar, pero, la dimensión tiempo, había avanzado ciento cincuenta años.


Hugo Peyrachia.
“Poetica”
Diciembre de 2008

sábado, 30 de abril de 2011


“QUÉ ES CONOCER”.
-Una Alegoría de la Teoría del Conocimiento.-


Es necesario, a efectos de mayor claridad de la alegoría, que exista, en lo posible, una mesa en el centro del cuarto donde Ust. se encuentre y que utilizaremos para desarrollar más claramente la misma, contribuyendo, quizás, a dilucidar el fenómeno del conocimiento. Para seguirla, además de la mesa, sugiero utilizar la imaginación.
“Qué es el “Conocimiento” ¿qué es conocer?- A efectos de explicar la “alegoría”, el autor, supondrá que la habitación utilizada será el comedor de una casa cualquiera de un barrio de gente de clase media de cualquier ciudad del mundo.
El lector deberá dejar la mesa en cuestión complemente libre de objetos; “limpia”.
Ahora, deberá hacer uso de la imaginación y ubicarse en los primeros días de la escuela primaria, elemental o equivalente.
A pesar del mundo nuevo que se habría ante sus ojos, la mente a efectos de “conocer”(mundo cognitivo), no podría ver mas allá que la superficie de la mesa.
Al salir de la misma, 6 años más adelante, si mira sobre la mesa, verá, apenas un plato, o quizás un vaso, de los que hipotéticamente su madre habría colocado instantes antes de su llegada a la misma y en su último día de clases. Algunos alumnos, incentivados por sus padres o ciertos maestros, que se hallan esforzados en la misma, puedan quizás, ver, un tenedor o una cuchara, nada más. El “plato” y el “vaso”, significan aquí, escribir y leer, hacer las cuatro operaciones aritméticas básicas, más, algunos datos tomados de la televisión, de los videos juegos y de las computadoras; representados aquí, por tenedores y cucharas.
Durante la Escuela Secundaria; el panorama del conocimiento se expande notablemente, ya que a las materias de la escuela elemental se le agregan nuevas que muestran al alumno el mundo, la historia universal, la literatura, idiomas, Etc. Se amplia el mundo de las ciencias y el contacto social se expande enormemente, pero, para el universo del conocimiento, del saber, el alcanzar el “iluminismo”, se halla aún a años luz de distancia. En nuestra alegoría, el estudiante verá ahora la mesa completa, con todos sus utensilios, platos, vasos, cubiertos, servilletas, mantel.. Algunos adelantados, siempre los hay y por diferentes razones, quizás pueden llegar a observar las bebidas y a intuir el menú, o sea la razón de la mesa puesta; pero nada más.
Al llegar a la Universidad, un nuevo umbral se supera, ahora y siguiendo la alegoría, pueden ver la mesa servida, la comida y los comensales, e inclusive conocer algunos de ellos. En general, el conocimiento se vuelve específico, técnico, pero el mayor contacto social y la posibilidad de dirigir proyectos y a otras personas, da una mayor amplitud cognoscitiva. Admitamos entonces, que una buena parte de ellos podrá ver el comedor con los comensales, los cuadros en la pared, otros muebles, lámparas y adornos Etc.
Como en las situaciones anteriores, habrá especialistas en cada una de las ramas, ellos quizás en sus especialidades vean la casa completa, pero sólo por dentro. Admitamos que los “científicos”, quizás logren, al menos en su materia, ver la casa por fuera, en el vecindario.
Luego, están los “sabios”, que se diferencian de los científicos porque no sólo conocen profundamente una materia o una rama del saber, como bien podría dividirse el “conocimiento:1-Científico-puro(Matemática-Física-Cosmología-Biología)-.2- Humanístico.(Sociología, Psicología, Medicina, Derecho- 3-Teología y Metafísica. 4-Artes); sino, que de alguna manera con su genética, con su talento particular lo eleven más allá del método. Verían la casa y la ciudad donde se halla enclavada.
Luego vienen los “Genios”. En general, estas personas eran los sabios de la antigüedad; científicos, escritores, exploradores, reyes, emperadores, generales, políticos, papas, estadistas. Etc. En nuestra alegoría serían aquellos capaces de ver la “casa” en la ciudad y ubicarla perfectamente en el país donde se encuentra.
Sólo los artistas se diferencian de la categorías anteriores, porque no están imbuidos de grandes saberes, pero pueden componer música exquisita, escribir poesía inmemorable, pintar un cuadro invalorable. Etc. Son por lo general natos, genéticos, iluminados.. Quizá en nuestra alegoría y en su arte, puedan ver, esporádicamente, la ciudad donde se halla la hipotética casa, pero, en una amplia zona del conocimiento, son completamente ciegos, sin su arte, apenas verían la mesa servida.. Digamos que ven la “casa” y sólo la calle donde se halla la misma, sólo esa calle.
A continuación, los “Filósofos”, aman el saber, piensan en cómo saber, complementan, interpolan los conocimientos, son los que en nuestra alegoría pueden ver la ciudad donde está la casa, y reconocerían el país donde se encuentra. Pueden, incluso, ver el continente.
Hay una categoría mayor de Filósofos, son los “iluminados”; es la filosofía de la filosofía. En nuestra alegoría verían la casa, la ciudad, el país, el continente, y esporádicamente, el mundo.
Pero, también es posible una nueva categoría, seres viviendo en algún lugar del universo con cerebros híbridos, naturales y artificiales, de millones de terabits de memoria. Si existen, serían una especie de “Super Dioses”, esos seres, en nuestra “Alegoría” verían dónde se halla el cuarto y la casa; la ciudad, el país, el continente, el mundo y la galaxia.
Por último, un ser “omniconciente”, que lo sabe todo, que es lo que conocemos por “dios o dioses”; en nuestra alegoría podría ver la mesa servida, los comensales, la casa, la ciudad, el país, el continente, el mundo, la galaxia y el universo conocido.

Filosofía - Hugo Peyrach.
Leones, 12 de Abril de 2004.

viernes, 22 de abril de 2011



DIMENSIONES


Recuerdo el caso, salió en todos los medios.
Sucedió años atrás en una zona agroganadera de la provincia de Buenos Aires.
Fue exactamente un 31 de octubre, por la mañana, cuando el dueño del campo llegó a la antigua residencia de la familia, donde habían vivido sus ancestros y él mismo su infancia, hasta que, ya muchacho, la familia se trasladó a la comunidad cercana, un clásico pueblo rural; plano, calmo y verde.
Lo cierto, es que aquella mañana al llegar al lugar, se percató de que el cuidador, un entrerriano de 57 años de apellido Ramírez, había sido asesinado alevosamente. Totalmente desmembrado, con profundos cortes que iban más halla del hueso; inclusive el rostro había desaparecido parcialmente, llevando al sorprendido estanciero a dudar de la identidad del cadáver.
Mientras avisaba a la policía de la jurisdicción, se aventuró a la casa, no había revueltas y todo indicaba que nadie había ingresado al lugar.
Volvió al patio, cuyo pasto estaba recientemente cortado y prolijo. Más allá, las jaulas de las aves que tanto atraían a su contratado Ramírez, quién pasaba horas en permanencia de sus amados pájaros; una buena cantidad de especies autóctonas y llegadas desde su provincia natal y norte de Misiones.
Hombre conocedor de la fauna avícola, había separado a las mismas en tres enormes jaulas. La primera con pájaros de múltiples colores, vistosos. La segunda, contenía zancudas de diversas especies, que como acuáticas, incluía una pequeña laguna artificial y la tercera pajarera, albergaba varias clases de rapaces, como caranchos, chimangos, gavilanes y águilas misioneras.
La policía envió el cuerpo a la morgue más cercana y efectuó una inspección del lugar, las casa estaba en orden, las pertenencias de Ramírez en su lugar, descartando el robo. No hallaron marcas de neumáticos desconocidos ni cápsulas servidas o elementos contundentes, u otras herramientas que podrían haber provocado semejante crimen.
Los investigadores, percibieron que la jaula de las rapaces mostraba la rotura de unos diez metros lineales de alambre tejido, y que las especies en cuestión habían desaparecidos; conjeturando con las mismas, debido a sus características carnívoras, como las causantes del horrendo crimen; así, que tomaron nota del contenido según el testigo, criado en el campo, quién aseveró: éstas jamás por hambrientas que se encuentren podrían lacerar un cuerpo como si se tratase de una motosierra, que también se secuestro pero sin la mínima señal de sangre en sus mecanismos.
El trabajo siguió en los laboratorios de la policía en Buenos Aires, durante meses, donde todas las posibilidades se fueron agotando y al parecer el cadáver nunca habló; como contrariamente, señalan los criminalistas.
El laboratorio, informó que la víctima no tenía heridas de balas, pero fue concluyente; el cuerpo de Ramírez fue seccionado por una fuerte mandíbula de algún animal desconocido, cuyo tamaño supera el listado posible del lugar, considerando las rapaces que se encontraban en la jaula; coincidiendo con especialistas del Museo de Ciencias Naturales y del Zoológico de la Ciudad.
Otros investigadores del extranjero, al ver las fotografías, señalaron: Posiblemente, arrastrado por alguna máquina trituradora de árboles o moledoras de forraje, transmisiones cardánicas; pero las máquinas no existían en el lugar y nunca se hallaron en las cercanías, donde se buscaron por meses.
Dos años después, un caso similar ocurrió en un remoto paraje rural del norte de China, con la diferencia que allí, sí, hubo testigos, a pesar de los doce triturados. Los que sobrevivieron, relataron lo ocurrido a estudiosos de fenómenos X, que llegaron desde los Estados Unidos de Norteamérica. Concluyendo, que allí, cómo aquí, ocurrió un fugaz pliegue del tiempo, de una de las 11 dimensiones que prevé la teoría de cuerdas, que transformó a las aves en sus antepasados directos, dinosaurios carnívoros, tan sólo por una fracción de espacio tiempo.

HUGO PEYRACHIA-
Relato perteneciente al libro:”La Ruta del Elefante”
Editorial-”Las Tres Lagunas”-Buenos Aires-(2010)

viernes, 15 de abril de 2011


EL TIEMPO. (Concepto)

¿Qué és el tiempo? ¿Cuál es su concepto?.
San Agustín, teólogo y filósofo, nacido en Numidia(cerca de Cártago); que vivió entre los años 354 y el 430. Ya, en su obra cumbre “Cofesiones” se preguntaba: ¿Qué era el tiempo?, y que a pesar de que todos tenemos claro su significado era muy difícil explicárselo a un tercero. Nada tan común, y más usado; pero que complicado resulta dar su concepto.
San Agustín, escribió, que el tiempo se compone de tres dimensiones: pasado, presente y futuro. Nos dice que en cada instante (presente), el futuro que viene hacia nosotros se transforma en pasado, y que esto debe ser así porque de lo contrario el presente sería eternidad; y, ni el pasado, ni el futuro existirían.
Tanto San Agustín, como mucho más recientemente el propio Borges en su libro de ensayos “Otras Inquisiciones” y su “Nueva Refutación del Tiempo.”; escribió: ”El Tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río”; “Es el fuego que me consume, pero yo soy el fuego”. Proposiciones Borgeanas que no están lejos del concepto racional que tenemos hoy. A pesar que aún la ciencia de nuestros días tiene sus reservas.
Parece ser que el Tiempo se halla ligado a la cosmología. Y sólo se lo comienza a explicar a partir de la Teoría de la Relatividad de Einstein. Quien en 1921 asocia el tiempo con el espacio: en la teoría llamada del “espaciotiempo;” por lo que espacio y tiempo son una sola cosa.
La idea de “espaciotiempo,” viene a clarificarse a finales de la misma década cuando Edwin Hubble (En su honor, el telescopio espacial lleva su nombre), descubre aplicando el efecto Doppler, que las galaxias se están desplazando aún hacia los confines del universo a velocidades cercanas a la de la luz y que además, de alejan una de otras.
Con este descubrimiento nace la teoría del Big Bang, o Gran Explosión, que habría originado el universo hace unos 13.700 millones de años. Y, que aún continua en expansión, hasta desaparecer en el cosmos que podría albergar infinitos universos.
Es precisamente aquí -Big Bang- donde nace el tiempo, es decir, junto al espacio que provoca la proyección de tan colosal explosión, por lo que en principio el tiempo sería el resultante o el efecto de tal expansión de energía inicial, ahora, convertida en materia. Esta misma expansión es la que genera el movimiento “Dialéctico”, que Hegel, toma de Eráclito, y que dice: que en el universo todo es movimiento y cambio. Lo único que permanece sin cambios, es el cambio mismo.
El tiempo, entonces, parece ser lo que percibimos a nuestro paso por el cosmos, mejor dicho, de nuestro mundo y su sistema solar desplazándose a unos 2.000 Km.por hora hacia la constelación de Hércules.
De nuestra galaxia, que se halla disparada hacia otro sector del universo; más precisamente hacia Andrómeda, otra galaxia tipo espiral a unos 2,5 millones de años luz.
Si hipotéticamente, alguien podría situarse en el borde mismo de la expansión del universo, notaría que el tiempo tendería a detenerse. Esta es la razón por la cual se cree que si alguien pudiera viajar a grandes velocidades, cercanas a la de la luz,( 300.000 Km./Seg.). el tiempo transcurriría más lentamente. Lamentablemente, y por el momento nuestras naves espaciales apenas superan los 70.000 Km./hora.
Resumiendo: “El tiempo, es un fenómeno cosmológico, como todo lo que percibimos y somos”.Es el efecto dialéctico de la expansión del universo”.

HUGO PEYRACHIA
“Ensayos.”
Marzo, 17 de 2002.

domingo, 10 de abril de 2011


“El CINE DE LOS DOMINGOS”

Domingos fríos y silenciosos, a finales del sesenta y durante los setenta, sólo variables por algún esporádico festejo.
Leones, tenía por entonces dos salas de cine.
El “Cine Empire”, que nada tenía que envidiar a las mejores salas de las grandes ciudades. ¿Qué chicos no frecuentaba la misma cada domingo?, a partir de las 16 Hs. función conocida como “matinee”, donde se proyectaban dos películas, siendo la segunda un estreno(para nosotros) o una película tanque. Recuerdo muy bien la primeras películas de James Bond, como “Operación Trueno”,”El Satánico Dr.No” “Sólo se Vive dos Veces” y otras implacables películas de acción. ¡Qué producciones aquellas..! Pero una película que atrapó mi atención se llamaba: “Estación Polar Zebra”; trataba sobre un satélite ruso que había caído sobre el ártico. La armada norteamericana y la fuerza aérea rusa, se disputaban su hallazgo en medio de la confrontación fría. Recientemente, me enteré que Howard Hughes, al final de su vida la había visto cientos de veces, mientras se mantenía aislado del mundo real y de los microbios, a los que tenía fobia.
Otro de los film que me cautivaron, fue una película bélica, llamada “La Batalla Decisiva” y contaba, la batalla de tanques más grande de la historia; entre alemanes y rusos, y que luego leyendo, advertí que la “Batalla de Kursk”, en las inmensas planicies rusas, fue la que evitó que Hitler se apoderara del mundo, nada menos y muy real.
Tampoco puedo olvidar, los Westerns, o películas del oeste,“Adiós Gringo” y “La Conquista del Oeste”, entre tantas.
Sobre la misma calle, al este, en la Sociedad Italiana, funcionó a partir de 1969, el “Nuevo Cine Italiano” reacondicionado por un Sr. Moroni, y a pesar de su modesta sala, paradójicamente, sigue aún proyectando de tanto en tanto algún film comercial.
Allí, se estrenaban las películas nacionales dirigidas por Enrique Carreras, cómo: “Fiebre de Primavera”; “Mi primera Novia”,; todas ellas con Palito Ortega; eran musicales románticos; pero, también proyectaron películas de Leopoldo Torres Nilson, como:”El Santo de la Espada” y quizás, una de las mejores películas de Ciencia Ficción que haya logrado la historia del cine; me refiero a “Viaje a las Estrellas I”; trataba la historia de “Viger” una de las naves Voyager (Viajeros, que fue lanzada en 1971 con destino a Júpiter y Saturno, y que hoy se encuentra en los confines del sistema solar, entrando al espacio interestelar) y de su regreso a la tierra buscando al dios que la construyó.
Tampoco faltaron películas de Tarzán, Romanos y Vikingos; aún en blanco y negro; pero extraordinarias. El lector tampoco olvidará al italiano Lando Buzanca.
Es una pena que se hayan cerrado las salas de cine de la ciudad, jamás la TV las suplantará. Ver una misma película en una buena sala de cine, hasta parece diferente cuando se la observa en la pantalla chica.
Fue sin duda un certero golpe a la cultura, y nadie dijo absolutamente nada. Comodidad, tecnología, negocio, desidia,¿quién sabe?.
Aquellos domingos culturales, jamás volverán, pero están aún en algún rincón del corazón y la memoria de aquellos chicos y chicas, que hoy están legando o han llegado, ya, a la mitad de sus vidas y sé, con seguridad, que jamás olvidarán.
Nota:La fotografía muestra el antiguo proyector del Cine Italiano.
HUGO PEYRACH- Leones,Córdoba- 2 de septiembre 2007
“Poética”

domingo, 27 de marzo de 2011

BOSQUES







Si hay algo bello en este mundo, son los bosques. Árboles de una misma especie que juntos se elevan hacia el cielo azul en busca de luz para alimentarse.
Un monte de paraísos en flor, de un liláceo único y de un aroma inconfundible, me remitió a mis primeros días escolares. Entonces, cerré los ojos y los árboles se transformaron en lápices de colores, reemplazando sus troncos rugosos clavados en la tierra.
He visto los bosques de lengas en otoño, sus pequeñas hojas se vuelven de un rojo intenso. Allí, comprendí la idea del color.
He estado en medio de un bosque de cohiues en la Isla Victoria. Allí, mientras el sol se filtraba en lo alto de sus copas, descubrí el significado del término paz.
Un día, hallé un conjunto de álamos plateados, fue cuando comprendí el significado de la pureza.
En Bariloche,  pude observar el místico bosque de arrayanes, no es más que un bosque de árboles comunes, sin la corteza. Entonces, imaginé a la gente desnuda, y a través de ellos comprendí el término intimidad.
Un día observé un bosque de pinos. Había varias especies juntas. Alguien en el grupo manifestó que con ellos se hace la pulpa para elaborar papel. Entonces, cerré los ojos una vez más y los imaginé como si fueran libros.
En otra oportunidad, me acerqué a un bosque de cipreses patagónicos, enorme variedad de pinos que apuntaban a lo alto, en medio de un ambiente tranquilizador, fue allí cuando deduje el origen del silencio.
Por último. Una vez, observé un bosquecillo de cerezos en flor, de un fucsia que sólo la naturaleza puede ofrecer; entonces comprendí el significado de poesía.


Hugo Peyrach.
“Poética”.
9 de septiembre de 2007